Las alianzas tramposas

Sinkronia, por Raul Colin — By mojeda on Mayo 15, 2010 at 11:38 pm

“Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.

Giuseppe Tomasi

Existe una indudable crisis de identidad en los partidos políticos y en el sistema político mexicano, que irremediablemente  afecta  el funcionamiento de nuestra sociedad. Es evidente que desde hace tiempo se perdió el rumbo, y que nadie ha tomado correctamente el timón, la brújula no funciona y eso se nota en la realidad del país.

Los partidos políticos, si verdaderamente quieren ser factor de progreso, deben refundarse y modernizar sus estructuras, filosofías y su forma de operar, hoy resultan obsoletos.

México es otro, y tal parece que aún no se han dado cuenta, aunque en el corto plazo el populismo, y el asistencialismo funcione para fines electorales, a la larga, están dejando al país al margen del progreso y la competitividad.

Las alianzas entre el PAN Y EL PRD,  son, por decir lo menos, una especie de promiscuidad política, que no parece incomodar a nadie, perdiéndose el espectro electoral, en donde ya no se identifica la diferencia entre la izquierda y la derecha. Ahora son lo mismo.

El PAN manifiesta una doble moral,  dura hacia afuera, con temas como el aborto, el uso del condón, las sociedades de convivencia, y muy laxa hacia dentro, en donde se permite la corrupción que tanto se atacó, y  no son raras las conductas deshonestas de sus jerarcas, que ellos han  tachado de inmorales en otros.

La ausencia de sus ideólogos y pensadores que le dieron vida y prestigio, y que lo llevaron a obtener la presidencia de la República Mexicana, ahora  ha convertido al partido en una especie de beata que se baña con agua vendita los domingos y que entre semana se corrompe.  No es raro observar que sus activistas más valiosos, o han sido expulsados del partido, o voluntariamente se ha alejado de él.

El PRD, es un hijo mal nacido del viejo PRI populista, que surgió de un rompimiento, de una falta de acuerdo al interior, en la búsqueda del poder y que ahora pretende maquillarse de izquierdista, cuando ha sido un partido arribista,  que sólo busca el poder por el poder, que mantiene también un doble discurso, en donde se enfrenta a la clase alta, pero tiene a sus dirigentes viviendo en la opulencia, solicitando, en cada campaña, apoyos del empresariado.   Así mismo,  dice ayudar a los más necesitados, pero sólo los usa para que sean carne de cañón en sus mítines y manifestaciones; y para acudir a las urnas en elecciones.

Los partidos pequeños, “la chiquillada”, las rémoras, tienen un papel protagónico en esta actuación, son como prostitutas, que se venden al mejor postor y que dejan a un lado la moral y los principios filosóficos (si es que alguna vez los tuvieron) para ser comparsa del que mejor se ajuste a sus intereses, buscando recursos, cargos, poder y prebendas. ¡Todo menos el bienestar del país!

El PRI  se acerca a pasos agigantados a los Pinos, ojalá que sus dirigentes se den cuenta que esto sucede más,  por los errores de las otras fuerzas políticas que por sus aciertos.

Aunque pretendan engañarse y engañarnos, es evidente la falta de confianza de la población hacia la clase política, muestra de ello, es el abstencionismo en aumento y los movimientos como el voto blanco.  La ciudadanía no participa en los procesos electorales porque lo perciben como una simulación, como algo inútil y sobre todo, porque no encuentran la solución a sus problemas.

Las viejas estructuras del poder, siguen firmes, vigorosas, apuntaladas por el pragmatismo, la corrupción, el dominio y los intereses económicos.

Nos preguntamos por qué otros países avanzan en tecnología, educación, desarrollo y calidad de vida, mientras nosotros continuamos en los añejos problemas de siempre.  Habrá que hablar menos y actuar más, dejar de ser ingenuos y exigir.  Participar, influir y ser verdaderos ciudadanos.

México no tiene futuro, si continuamos permitiendo que nos mientan, si los políticos creen que los discursos resolverán los problemas, mientras los intereses de los partidos estén por encima del bien común. No avanzaremos en tanto gobierne el más popular y no el más apto.

El avance de un país no se logra repartiendo camisetas, despensas, promesas, fardos de láminas y dinero; tampoco se obtiene con eslogan de campaña, fotos o publicidad bien estructurada.  Para prosperar necesitamos equidad, respeto a las leyes, honestidad, oportunidades, un plan de largo plazo, que con liderazgo nos conduzca a mejores estadios de bienestar.

La historia no ha cambiado mucho, el poder, que debía ser de toda una comunidad, está en manos de unos cuantos, que sólo piensan en ellos mismos, con lo que se cancela cada día más, la oportunidad de un México libre, justo y productivo. Para que todo siga igual, ¡tenemos que cambiar!, por eso vemos unidas las siglas de derecha con izquierda y a los corruptos hablando de honestidad.

¡Cuidado!, que como diría el tenorio, “Los muertos que vos matáis gozan de cabal salud”.

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