De Turismo y Políticas Públicas

De Turismo y Políticas Públicas — By mojeda on Julio 12, 2010 at 10:15 am

Los turistas, primero son turistas, no narcotraficantes.

No me cabe ni la menor duda que los verdaderos narcotraficantes usan todas las formas de comunicación aérea, terrestre y marítima para llevar y traer su veneno de todas partes hacia todas partes.

Tampoco me cabe la menor duda que la corrupción en las aduanas, los aeropuertos, las terminales, las carreteras y los puertos es una de las maneras más comunes de pasar lo que sea por estos sitios.

Vuelo 355 de COPA Airlines, de Panamá a Cancún. Eran las 21:37, del 3 de julio pasado.

Aterriza la aeronave, los pasajeros se quitan el cinturón de seguridad con la presteza del que quiere ya empezar a oler sus vacaciones, esas por las que quizás ahorró todo un año, o dos.

Procedentes de Argentina, Brasil la mayoría de estos pasajeros, algunos mexicanos, todos haciendo fila en el pequeño pasillo del avión ya en posición de atraque, con la puerta abierta, los rostros de los pasajeros con la emoción de las aventuras por venir, repasando mentalmente los planes para visitar Tulum, probablemente Chichén Itzá, con la expectativa muy alta sobre la diversidad de restaurantes que encontrarán en la quinta avenida de Playa del Carmen,  de lo que beberán en algún bar perdido entre la nueva y la vieja quinta avenida.

Oliendo el paraíso, ese es el término correcto, el que encierra la emoción de llegar a la tierra prometida, aquella que se ha soñado por mucho tiempo.

La guapa azafata, con una sonrisa blanquísima y unos grandes ojos negros, finalmente le dice al primero en la línea que ya puede descender del aparato, y éste así lo hace, con una fila de al menos 150 personas detrás de él.

Salen todos dispuestos a divertirse, y su primer contacto con el paraíso, es un militar en uniforme de faena, de esos de camuflaje. Bajito, por que así son nuestros militares, grita desde su posición, cerrando el paso a los turistas: “Pongan sus maletas de mano a la izquierda del pasillo y hagan una fila a la derecha!! No toquen sus maletas después de dejarlas a la izquierda!!” Y guarda silencio, mirando como los confundidos turistas acatan sus indicaciones.

Los turistas se miran desconcertados entre ellos, sin acertar a decir nada, mientras otro militar se pasea entre sus pertenencias con un perro pastor alemán que olisquea todas y cada una de las maletas de los viajeros de ida y de vuelta y otra vez. Un viajero Brasileño se acerca a su equipaje de mano para sacar o meter algo, y el militar que parecía estar al mando, le grita como si fuera un soldado raso en el cuartel: “Ya le dije que no toque nada!!!” El señor turista, que nos hace el grandísimo favor de venir a gastarse sus dolaritos a México, resultado quizás de nuestros dolarotes invertidos en publicidad, se voltea y le dice algo en portugués al mal encarado militar.

Otro pasajero, mexicano, interviene y con su medio portugués tranquiliza al viajero, diciéndole que mejor haga lo que el loco ese dice.

El perro olisqueador no encuentra ninguna substancia rara, y los viajeros pueden seguir su camino al paraíso, que en ese momento ya se mira medio borroso.

Salen del pasillo y llegan a las bandas para recoger sus maletas. Mientras esperan 30 largos minutos por su equipaje, escuchan del otro lado del vidrio, jadeos de perros olisqueando cosas, ladridos, gritos, cosas cayendo, como si fueran maletas que están siendo aporreadas o tratadas con total descuido. Una maleta de esas aporreadas le cae encima a un perro y este lanza un quejido, seguido de una mentada de madre como correctivo para el que lanzó el proyectil.

Salen las maletas, algunas manchadas con aceite, otras sucias, alguna sin las llantitas, otra rota.

Y todavía falta la línea de migración, de aduanas y el enjambre de vendedores de tiempo compartido allá afuera.

Bienvenidos al paraíso.

En el aeropuerto de Las Américas, en Santo domingo, la cosa es distinta. Las maletas son escaneadas no sé cuantas veces por la gente de seguridad, son olisqueadas hasta que les salen ronchas a las narices de los perros. Pero lo hacen tras una pared, lejos del viajero. No hay ningún militar idiota que le grite a LOS TURISTAS que se pongan ahí o allá. Mientras los viajeros platican tranquilamente esperando su equipaje en las bandas, hay policías paseando entre ellos con perros entrenados para lo mismo, olisquear maletas. Y las olisquean de ida y vuelta dos veces.

En el aeropuerto José Martí de la Habana, en Cuba, la situación es muy similar a la de República Dominicana. Ahí, si detectan alguna cosa en la máquina de rayos x que no les cuadre, toman la maleta, llaman al pasajero por los altavoces del aeropuerto. “Pasajero fulanito de tal, favor de presentarse en el puesto de control numero 1” Civilizados los cubanos.

Aquí, en el aeropuerto de Cancún, la civilización no pasa de un navajazo a la maleta, para ver que trae dentro.

¿Sabrá ese cuadrado militar la diferencia entre el más raso de su tropa y una persona que nos hace el favor de venir a pasear a nuestro país? ¿Por qué alguien no le enseña? ¿La SECTUR trabajará en coordinación con las policías y militares en los destinos turísticos? ¿Cuánto dinero invertido en atraer turistas a México, se desperdicia en esta primera impresión?

Eso sólo nos demuestra que en cuestiones de turismo, las políticas públicas son de reacción, no hay un plan global que impida la entrada de drogas o dinero sin afectar al turismo.

Y es más barato un plan, que un mal encarado militar gritando órdenes de cuartel a los turistas.

Y por cierto, en Cuba, usan también unos simpáticos cocker spaniels, más simpáticos que el que ladra órdenes a nuestros visitantes saliendo del avión.

Augusto Sosa Selem

Augusto.sosa@hotmail.com

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