Asesinato

La Última Palabra, Opinión — By mojeda on Diciembre 24, 2009 at 1:11 am

Uno de los peores crímenes que un ser humano puede cometer, es privar de la vida a otro ser humano.

No hay, o al menos no lo entiendo, que alguien justifique, por cualquier razón, quitarle la vida a un ser humano.

Aunque la tentación sea grande cuando se trata de defender a un niño, a una mujer, nada justifica asesinar a nadie.

Cuando leo en las noticias que un periodista fue asesinado, me da cierto picor, me muevo incómodo en mi asiento mientras esto escribo, por que informar verazmente no debe ser causa para arriesgar la vida.

Hay periodistas que se venden a cualquier postor, por 200 pesos alguien puede ensuciarle la vida a otra persona, pero ni esos pseudo periodistas deben ver su vida peligrar, ya con su conciencia deben tener suficiente castigo al ver a sus hijos comer del dinero mal habido, o al menos ganado por vender su ética profesional.

El informar, el denunciar, sacar a la luz trapitos o trapotes, no es razón suficiente para asesinar a alguien, y menos si está cumpliendo con su trabajo. Ya no digamos si lo hace bien o no.

Las razones del asesinato del periodista Alberto Velázquez en Tulum, deben ser aclaradas en su totalidad. No debe quedar impune, como otros tantos asesinatos de profesionales de la comunicación, simplemente por que estos son incómodos para alguien, algún gobernante borracho de soberbia, o posiblemente algún sujeto al que no le gustó algo que pudo haber escrito Alberto Velázquez.

La justicia tiene en sus manos en estos momentos la oportunidad de oro para demostrar que este artero asesinato no quedará impune.

La libertad de expresión, aunque a veces se pueda vender, no debe ser  silenciada con plomo ni con otra cosa. Ni con dinero.

Reconozco que de periodista tengo lo mismo que de ingeniero matemático. Nada.

Pero como ciudadano del mundo, de México y de nuestro querido Quintana Roo, no me puedo quedar callado ante estos atropellos a la vida y a la libertad de expresión.

Nadie debe quedarse callado, por que no se sabe que viene después.

La violencia genera violencia, y este crimen debe ser investigado hasta sus últimas consecuencias, no es justo ni para Alberto, ni para su familia, ni para nadie.

Lo que pudo haber hecho para disgustar a alguien al grado de asesinarlo, debe haber sido algo muy gordo.

La gente, sea un gobernante o no que no acepta críticas, no es gente, son simios.

Y los simios deben estar o en la selva o en una jaula.

Nuestro más sincero y honesto pésame a la familia de Alberto, que aunque no tuve la oportunidad de conocerlo, no se merecía un final así.

Ahora, a esperar justicia, por que debe llegar.

Así de claro, si no hay justicia, hay complicidad.

Como siempre, estimado lector, la última palabra, es la suya.

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